El evangelio que estamos predicando en este tiempo, ¿Son sólo palabras persuasivas de humana sabiduría o es la demostración del Espíritu y de poder? ¿Nuestra predicación está ofreciendo información o transformación?

El apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo dice: Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén (1 Pedro 4:11).

En este pasaje se mencionan dos conceptos que por lo general consideramos como sinónimos, pero que en su ejercicio son distintos: Hablar y Ministrar.

El rudo pescador de Galilea lo aclara: Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios… si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da… Nos encontramos en la era de la tecnología y la modernidad, sin embargo, el hombre actual, alrededor del mundo, enfrenta las mismas dificultades que le han acompañado en su peregrinaje por la vida, conflictos personales, matrimoniales, familiares, contiendas, angustias, vacíos, confusiones, deterioro de la salud, desempleo, etc.

Las necesidades primarias del ser humano son exactamente las mismas que se tenían hace dos mil años.

Fue precisamente por esta causa que Dios, en Cristo, acercó el cumplimiento de las promesas, Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria… (Juan 1:14). Esta es la misma necesidad del hombre moderno: el cumplimiento de lo que Dios ha prometido. Ante esta situación, preguntamos como María ante el ángel: ¿Cómo será esto? ¿Cómo podrá esta generación tener acceso a lo que Dios ha prometido?

Cualquiera puede hablar con excelencia acerca de los pasajes bíblicos. Esto puede resultar muy sencillo, pues con un poco de experiencia se aprende hacerlo, pero ministrar el evangelio en el poder de Dios, es un asunto muy diferente. Para esto último, el siervo de Dios debe buscar la unción fresca de Dios que provoca transformaciones milagrosas en las personas.

Quizá somos la generación de ministros mejor equipada de toda la historia, que … habla… elocuentemente el mensaje divino, y esto está bien, pero se hace harto necesario la manifestación de siervos ministrando en el poder de Dios. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder (1 Corintios 4:20).

En esto nos encontramos ante un gran reto y desafío, pues ministrar en el poder de Dios, involucra la condición espiritual del mismo siervo de Dios, requiere consagración, renuncia, compromiso.

La Biblia debe regresar a los púlpitos, y brotar como un manantial la fresca palabra de Dios, que forma y transforma. Hablar se logra en base al conocimiento que adquirimos, pero, ministrar en la unción, sólo es posible por la comunión con Aquel que dijo que al vernos en secreto nos recompensaría en público.

futuro[quote align=’right’]Está comprobado que los mejores mensajes de cualquier predicador, son aquellos que fueron concebidos en la intimidad con Dios.[/quote]

 

Juan el Bautista dijo que él sólo era una voz, una voz sólo se oye pero no se ve. Evidentemente su afán no era protagónico, sino dar a Jesús toda gloria. Es más sencillo hablar que ministrar, sin embargo, para el cumplimiento de los propósitos de Dios, ambas cosas son importantes.

Hablar debe ser conforme (con la forma) a la palabra de Dios, ministrar debe ser conforme (con la forma) al poder que Dios da. Es así, y sólo así, que se cumplirá el propósito de este plan maestro …para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo…

El autor del libro de los Hechos 1:1 dice: …acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar Aprendemos de esto que …hacer… es primero que …ense- ñar…

Jesús habló conforme a la palabra de Dios y ministró conforme al poder de Dios. Por eso las multitudes, acostumbradas a lo rancio de las enseñanzas de sus tiempos, fueron atraídas por lo fresco de su ministración.

La presente generación no está muy interesada en palabras, sino en hechos. Vivimos tiempos de desconfianza a las palabras. Pero los hechos nunca podrán ser refutados. Una vida congruente entre lo que dice y lo que hace, hará mucho más impacto que aquella que sólo se concreta a la emisión de palabras.

Cualquier profesionista puede hacer con su vida lo que quiera y seguir ejerciendo, pero la vida del siervo de Dios va íntimamente ligada a su mensaje.

Los que llevamos sobre nosotros la continuación de ese ministerio no podemos conformarnos con menos que eso, predicar la Palabra y ser respaldados por la demostración del poder de Dios. Fue precisamente pensando en eso, que alguien escribió: La Santa Biblia es nuestro sostén, y las señales que nos sigan elocuentes hablarán, que Jesús con nos está

fuente: Aviva 2012

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