LUCAS CAPÍTULO 1 

Dedicatoria a Teófilo, Lc 1:1-4

 1:1-4  “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.”

Este evangelio tiene una introducción similar a la de los escritos de grandes historiadores de Grecia, utilizando un refinado idioma griego, en donde se da a conocer a quién va dirigido el documento, la justificación y la finalidad para hacerlo.  No menciona el nombre del autor, pero por sus características se le atribuye a Lucas el único escritor del Nuevo Testamento que no era judío.

¡Oh excelentísimo Teófilo!, título que utiliza Lucas para referirse a un funcionario del gobierno romano cuyo nombre significa “amigo de Dios” algunos comentaristas mencionan que este personaje fue quien financiaba la elaboración del libro. Era un cristiano gentil que gustaba de estudiar las Sagradas Escrituras.

La necesidad de mostrar a los gentiles las buenas nuevas llevó a Lucas a investigar con diligencia por medio de los testigos oculares, predicadores y escritos existentes; lo cual significa que los revisó de nuevo cuidadosamente, los puso en orden y en una forma que pudieran transmitir un mensaje claro en el que con exactitud se hiciese referencia a los hechos contemporáneos, mencionando al emperador y el año de su imperio (3:1); los nombres tanto en hebreo como en griego para que los gentiles pudieran entender (6:14). También muestra una semblanza de Nuestro Señor Jesucristo que debe haber atraído su corazón hacia la redención. El propósito de Lucas fue invitar a Teófilo y a los hermanos gentiles a percibir mediante la fe en Cristo Jesús cómo las promesas de Dios eran cumplidas.

Este capítulo comienza con el gozo (1:14) que acompaña a la fe y la redención (1:68), la alabanza a través del Magnificat (1:46-56) y el Benedictus (1:67-80). También se habla de la salvación, llenura del Espíritu Santo, la oración, la alabanza y adoración de María y Zacarías.

Anuncio del nacimiento de Juan, Lc 1:5-25

1:5-7 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías;  su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada”.

Con delicadeza y precisión Lucas, guiado por Espíritu Santo, pone no sólo el hecho, sino los detalles sutiles que llevan a los gentiles a imaginar ese gran momento. En los días de Herodes, rey de Judea. Los ubica en el lugar y el tiempo y en forma implícita deja ver que los judíos estaban bajo el dominio de extranjeros. También da importancia a la mujer al mencionarla por su nombre, en la cultura judía las mujeres ocupaban un lugar bajo, en la oración matutina los judíos daban gracias a Dios, porque no les hizo “gentil, esclavo o mujer”.

Se resalta la vida espiritual de este matrimonio: eran justos delante de Dios, andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor.

Pero hacía falta algo que en su cultura era muy apreciado: los hijos, los rabinos judíos consideraban que los hombres que “no tenían esposa o la esposa que no tenían ningún hijo” estaban privados de la comunión de Dios. La edad tampoco les beneficiaba, pero tenían algo en común con Abraham y Sara, Elcana y Ana, Manoa y su esposa, confiaban en el mismo Dios que había escuchado su oración y les había concedido un hijo especial.

1:8-10 Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso”.

De acuerdo con la organización que hizo el rey David (1 Cr 24:1-31) de los sacerdotes por sus casas paternas (veinticuatro grupos en total), a cada grupo les tocaba ministrar en el templo dos semanas cada año. A Zacarías le correspondía en el grupo octavo, el de Abías.

Era el momento de Zacarías, pues la suerte le había tocado para ofrecer el incienso (Lv 16:12-14); y esto debido a que eran unos 20 000 descendientes de Aarón con ese derecho, pero no a todos les tocaba la oportunidad de ministrar en el templo.

Derramar el incienso sobre los carbones encendidos viendo elevarse el humo era símbolo de que las súplicas de los adoradores eran aceptadas; él hacía la intercesión por el pueblo. “Acepta como incienso la oración que te ofrezco, y mis manos levantadas como una ofrenda vespertina” Salmos 141:2; un símbolo del sacrificio vivo que ofrecían los verdaderos adoradores, ¡grandioso! Lucas capta el momento en el que toda la multitud está orando, hermosa manera de empezar su libro.

Nota Doctrinal:  La oración es comunicación con Dios, pero el pecado rompe esa relación. La multitud afuera del atrio, orando, muestra cómo anhelaban que el sacrificio ofrecido fuera acepto a Dios. En la oración se acrecienta la fe y el amor a Dios de tal forma que podemos interceder por nuestros hermanos y por el mundo perdido. Sabemos que Dios escucha las oraciones individuales y colectivas y que todo lo que pedimos en el nombre de Jesús es oído y en el tiempo de Dios, contestado.

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1:11-20Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

 Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo”.

¡Sublime gracia! Un ángel diciéndole que su oración había sido escuchada; es imposible no observar la similitud con las palabras que recibió la esposa de Manoa al serle anunciado el nacimiento de Sansón, un hijo que sería grande delante de Dios, lleno del Espíritu Santo (es la primera vez que Lucas menciona a la tercera persona de la trinidad), preparando al pueblo para el advenimiento de Cristo.

Este es un capítulo de gozo y alegría (1:14, 44, 47, 58) no sólo de Zacarías y de su esposa; sino para todo el pueblo de Israel, pues no hay que olvidar que es en el templo donde recibe la noticia.

No beberá vino ni sidra, sino que será un nazareo (Nm 6:2) apartado en santidad a Dios, ninguna navaja tocaría su cabeza, ni permitiría ninguna contaminación ceremonial. Sansón (Jue 13:7), Samuel (1 S 1:11) y Juan el Bautista fueron nazareos de nacimiento. No se debe confundir con la palabra nazareno que quiere decir de Nazaret. Jesucristo era nazareno o sea de Nazaret, por lo que lo más probable es que no tuviera cabello largo.

Juan el Bautista vendría con el poder y espíritu de Elías, el profeta del arrepentimiento, quien fue usado por Dios para volver el corazón del pueblo a Dios (1 R 18:37); además, el Bautista prepararía a la nación para recibir a su Hijo. Era quien cumpliría las profecías de Malaquías 3:1: “Yo envío mensajero el cual preparará el camino para mí…”; y: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad de nuestro Dios” de Isaías 40:3.

Fue necesario que el ángel Gabriel le dijera a Zacarías quién era, porque la incredulidad de Zacarías no le permitió creer en el mensaje que estaba recibiendo. Al igual que en Daniel 9:21, el ángel se aparece en el sacrificio de la tarde.

Para Meditar. Así como Lucas registra la incredulidad de Zacarías, hoy en día suele suceder que se ora pidiendo un milagro y cuando Dios dice: está hecho, pedimos señales y confirmación del mismo. Este hombre era justo, obedecía la ley, y junto con su esposa anhelaba un hijo, pero en el momento de recibir la respuesta, ante la presencia de Dios y ofreciendo el incienso, dudó, y como consecuencia quedó mudo.

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1:21-25 “ Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario. Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa. Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres”.

Un privilegio del sacerdote que ofrecía el incienso por la tarde, era la de dar la bendición sacerdotal al pueblo; sin embargo, Zacarías tardaba más de lo acostumbrado. Una sensación de nerviosismo cundió en el pueblo, pues ya en otras ocasiones que el sacerdote o el rey habían ofrecido incienso extraño o indebidamente, habían muerto (Lv 10:1-2). Esta vez, sin embargo, no pudo dar la bendición pues había quedado mudo dentro del templo, lo que el pueblo comprendió como una buena señal de que algo maravilloso había sucedido en el santuario.

Nota Doctrinal La adoración del creyente a Dios no es un ritual, es un reconocimiento y entrega al único Dios verdadero. Martín Lutero dijo: “conocer a Dios es adorarle”.  Por medio de la oración damos la adoración como una ofrenda de olor grato, lo cual es una característica del verdadero cristiano. Es como el incienso que ofrecían los sacerdotes en la mañana y por la tarde, en el templo de Jerusalén.

 

Anuncio del nacimiento de Jesús, Lc 1:26-38

 1:26-30 “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios”.

Ubicando en el tiempo, el escritor menciona que al sexto mes del embarazo de Elisabet (1:36). El ángel Gabriel (la segunda de tres apariciones que se registran en este periodo: la primera a Zacarías (1:11) ésta a María (1:26) y luego a José (Mt 1:20), es enviado a una ciudad poco conocida de la región de Galilea llamada Nazaret para dar un mensaje a una virgen. Lucas repite dos veces la palabra virgen, para resaltar el cumplimiento de Isaías 7:14 “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” una doncella llamada María comprometida con José de la descendencia de David.

En la actualidad, a pesar del libertinaje, se piensa mal de las señoritas que están comprometidas para casarse y salen embarazadas, sobre todo si el novio no reconoce la paternidad del niño. En muchas ocasiones se llega a romper el compromiso. En una cultura tan estricta como la del pueblo judío, si llegaba a suceder eso, la mujer era culpada de adulterio y era digna de muerte (Gn 38:24).

El saludo del ángel le pareció extraño, pues esta joven, a diferencia de Zacarías y Elizabet, no estaba pidiendo un hijo, y desde luego que no sabía que era la elegida por Dios para llevar en su vientre a su Hijo. En los diferentes pasajes donde se narra la aparición de los ángeles se encuentra la frase: “no temas”. Le dice que ella ha encontrado gracia delante de Dios porque era una mujer obediente y devota.

Nota Doctrinal. La religión popular adora a María como madre de Jesús y utiliza la frase que encontramos aquí: “bendita tu entre las mujeres”. María merece el reconocimiento, pero el único que merece la adoración y la gloria es Jesús quien nos ha rescatado del pecado. Una mujer exclamó entre la multitud “Bienaventurado el vientre que te trajo y los senos que mamaste. Y Jesús le dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lc 11:27,28). Sólo Dios merece la adoración y la alabanza.

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 1:31-33 “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

Este es el mensaje que le dio el ángel, concebir y dar a luz a un hijo cuyas características son inusuales: se llamará Jesús “Jehová es Salvación” tendrá reinado celestial pues es el Hijo del altísimo (Dios mismo) su reino es eterno, para siempre, no tiene fin (Lucas pudo visualizar el reinado de Jesús, diferente a los judíos, tal y como lo menciona Isaías 25:1-12 como nuestro Dios, que libra de los enemigos que ha derrotado a la muerte y que no fue exclusivo de un pueblo, sino que vino a toda la humanidad y a todas las generaciones); de consecuencias eternas, pues reinará sobre la casa de Jacob, pero no como un rey libertador de la opresión romana sino como el salvador espiritual de su pueblo.

 1:34-38 “Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”.

Toda mujer casada y que anhela tener hijos, sería feliz al recibir un mensaje que le diga que su hijo va a ser grande. Pero una mujer soltera primero piensa en el novio y casarse, luego en hijos; no es que fuera incrédula, sino que nunca antes, ni después, ha sucedido que sin el esperma del varón haya una concepción. Eso fue lo que preguntó María, el ángel le responde: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá. ¡Qué maravillosa manera de decirlo!

Y para testificar que era Dios quien le enviaba a ella, le dice dos cosas fehacientes: Elisabet tu prima, estéril y en su vejez, ha concebido y está en su sexto mes de embarazo, luego resalta la declaración que miles de veces se ha repetido en los altares y en los corazones “porque nada hay imposible para Dios”. María, no sintiendo un honor merecido, sino con la humildad y sencillez que le caracterizaba, expresó: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Aceptó la gran responsabilidad que esto implicaba. Dios sabía que esta mujer sería digna de sufrir y permanecer firme a pesar de las circunstancias.

 

María visita a Elisabet, Lc 1:39-56

1:39,40En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet”.

¡Cómo guardar silencio! María más que veloz fue a visitar a su parienta para compartirle del gozo que sentía. La ciudad en la montaña, era una población cercana a Jerusalén en donde vivían los sacerdotes y hoy en día es un área hermosa llena de vegetación. María también buscaba las palabras para enfrentar a José y decirle que obedecía el mandato divino (Mt 1:19). Dios, que conoce todas las cosas se encargó de esta situación en el momento requerido con José, pero María necesitaba contarle sus sentimientos a una amiga y a la vez confirmar las palabras dichas por el ángel.

 1:41-45Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?  Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor”.

Cuando Dios hace las cosas sobran las palabras, sólo con el saludo de María, el bebé saltó en su vientre; el Espíritu Santo la llenó y empezó a bendecir a María dando un mensaje profético que le confirmaba las palabras del ángel.

María fue el instrumento que Dios usó para cumplir lo dicho por el ángel a Zacarías sobre su hijo: “Será lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre” (1:15) porque en ese momento el bebé de Elisabet fue lleno del Espíritu Santo.

Dos cosas importantes dijo Elisabet reveladas por el Espíritu: “La madre de mi Señor”. Reconoció al Hijo de María como su Señor aun antes de nacer, no la llamó a ella mi señora, sino la madre de mi Señor, y “bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho”. No cabe la menor duda que Dios pone los medios para que su nombre sea glorificado.

Cuando la persona obedece y cree a la voz de Dios, se cumple la promesa.

 

1:46-49Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre”.

Nota histórica: Esta declaración de María, considerada un cántico, es conocida como el Magnificat y utilizada en forma de rezo por la religión católica. En realidad, el escritor del evangelio no dice que sea un cántico, sino una expresión de gratitud y adoración que fluye espontánea del corazón de María.

En el Antiguo Testamento encontramos el cántico de Ana (1 S 2:1-10) que tiene similitud con el de María pues las dos fueron bendecidas por Dios con un hijo. De lo profundo de su corazón salen las palabras de gratitud, reconociendo su condición, pues ella también necesitaba de la salvación (Is 61:10; Hab 3:17-18). No importa la circunstancia, ella se goza en el Dios de su salvación. Ahora es bienaventurada porque Dios la miró para hacer grandes cosas en su vida.

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1:50,51 “Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen. Hizo proezas con su brazo; Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones”.

Hace referencia a la misericordia de Jehová que es desde la eternidad hasta la eternidad sobre los que le temen (Sal 103:17). “La diestra de Jehová hace proezas” (Sal 118:15-16). En su cántico exalta a Dios por su misericordia y por su triunfo, porque es el momento que Dios entrega la salvación eterna a su pueblo. A través de Jesús trae una transformación moral al pensamiento del hombre. 

1:52,53 “Quitó de los tronos a los poderosos, Y exaltó a los humildes; A los hambrientos colmó de bienes, Y a los ricos envió vacíos”.

Con Cristo no hay esclavo o libre, todos somos hijos de Dios; con él también llega una transformación social (2 S 2:8; Job 12:19). Las palabras de María revelan una visión profética de la transformación integral que tiene cada creyente que se acerca a las plantas de Dios y la iglesia de Cristo como un cuerpo, pues los hambrientos siempre son saciados en él, mientras que el ambicioso vuelve con las manos vacías.

1:54,55 “Socorrió a Israel su siervo, Acordándose de la misericordia De la cual habló a nuestros padres, Para con Abraham y su descendencia para siempre”.

María como buena judía conocía la historia y la ley de Israel y menciona una promesa hecha a Abraham, cuando Dios le dijo: “y mediante tu descendencia todas las naciones de la tierra serán bendecidas….” (Gn 22:18).

1:56 “Y se quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa”.

Una mujer de edad avanzada y con un embarazo de seis meses necesitaba ayuda, por lo que María se quedó con ella durante los últimos tres meses de su embarazo para platicar y brindarle su apoyo. Es muy probable que decidiera irse antes del nacimiento del bebé para no interferir en el nacimiento de Juan el Bautista. No estar presente cuando lleguen los parientes a conocer al niño que les ha nacido a Zacarías y Elisabeth.

Nacimiento de Juan el Bautista, Lc 1:57-66

1:57,58 “Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella.

Cuánta emoción y regocijo con esta familia, llegaba la alegría al hogar, por fin tienen un hijo que vino a quitar la afrenta de Elisabet (1:14), cumpliéndose así las palabras dichas por el ángel Gabriel.

1:59-63“Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar. Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron”.

El octavo día era el marcado por la ley Mosaica para la circuncisión (Gn 7:12), San Pablo también fue circuncidado al octavo día (Fil 3:5). La costumbre era llamar a los niños por el nombre del padre (aquí nace la costumbre en la religión católica de bautizar a los niños pequeños, en realidad mal entendida, porque no es lo mismo circuncisión que bautismo, ya que el bautismo es un acto que con pleno uso de razón lleva a cabo la persona adulta).

Elisabet afirma que no, que se llamará Juan “lleno de gracia” Los vecinos y parientes no estaban muy convencidos, querían que llevara el nombre del padre, como un honor por haber recibido hijo en su vejez.

Entonces fueron y a señas le preguntaron cómo quería llamar al bebé, Zacarías viendo la profecía cumplida escribió en presente “Juan es su nombre” Su asombro fue grande porque él no escuchaba, ni hablaba y respondió lo mismo que su esposa.

1:64-66 “Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios. Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas. Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él”.

Un niño singular con su circuncisión, su padre recupera el habla, un milagro que no se podía ocultar, vio cumplida la profecía dicha por el ángel. Pablo Hoff menciona “La incredulidad produce labios mudos: pero la fe los abre”. Ocho días de haber nacido el bebé y Zacarías sin poder hablar. Más de nueve meses mudo. Lucas tal vez recopiló esta información con la gente de la montaña, porque dice que allá se divulgaron estas cosas. Y la gente las guardaba en su corazón porque la mano del Señor estaba con este niño, ¿cuál sería su ministerio?

Para meditar:  La obediencia a Dios lleva al cristiano a obtener las bendiciones profetizadas, María obedeció y fue llamada bienaventurada, Zacarías hubiera podido cambiar de nombre a su hijo, pero cuando obedeció recuperó el oído y el habla. En ocasiones perdemos las bendiciones porque cuando el milagro está a medias damos la media vuelta y volvemos a la vida pasada.

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 Profecía de Zacarías,  Lc 1:67-80

1:67-75 “Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, Y nos levantó un poderoso Salvador. En la casa de David su siervo, Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto; Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder. Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos.  En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días”.

Esta es la tercera ocasión que, en el capítulo, Lucas menciona la frase “lleno del Espíritu Santo” (1:15, 41, 67). Zacarías volvió a hablar y lo primero que hizo fue alabar a Dios con un canto profético que por siglos se siguió cantando con el nombre de Benedictus: “Bendito el Señor”, según las primeras palabras en la versión latina. Habla en tiempo pasado, como si ya estuviera entre ellos el Salvador, aunque todavía no había nacido, pero es claro que el tiempo había llegado.

Bendito el Señor Dios una exclamación de júbilo que usaron: Noé (Gn 9:26), Melquisedec (Gn 14:20) David (1 R 1:48) en agradecimiento por su gracia y ayuda en todo momento y sobre todo la utilizaron para bendecir a otros.

Como buen sacerdote israelita Zacarías conocía las Escrituras y hay muchos cánticos en los salmos que hablan del poderoso, el santo que libra de los enemigos (Sal 18:2; 132:17), ahora él anuncia que había llegado el tiempo para cumplirse lo que se había hablado por los santos profetas (Is 11:1-9; Jer 23:5-6; Jer 33:15-26; Am 9:11), que finalizaba el tiempo de silencio de Dios para con su pueblo y que el pacto de Abraham era renovado (Gn 17:4-9; Sal 105:8-10; 106:45; 111:5; Ez 16:8). De ahora en adelante el mayor enemigo era vencido por el único y suficiente Salvador; Jesús el hijo del Dios Altísimo.

1:76-79 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados, Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora, Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.

Esta parte del cántico habla proféticamente de Juan. Su padre le dice que le van a llamar profeta del Altísimo, abriendo camino delante del Señor. Palabras que el ángel Gabriel meses atrás le había dicho en el templo (1:16.17), pues predicaría el arrepentimiento y la salvación de las almas.

Enseguida vuelve a referirse al Cristo, algunos comentaristas mencionan que Lucas anexó estas últimas frases, no hay fundamento para afirmarlo en su totalidad; en cambio, este capítulo se complementa maravillosamente con todo el cántico del padre del Bautista; pues era necesario hablar de la salvación del pueblo, del perdón de pecados; del amor de Dios que preparó el camino para la llegada de su único Hijo quien vendría a pagar el precio de la rebelión del mundo (Jn 3:16), trayendo luz a este mundo en tinieblas y en sombra de muerte. Se cumple así Isaías 9:2 que dice:El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; a los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos”.

Para meditar Gracias a Dios por ese amor infinito a la humanidad, por tener un plan perfecto en el que nos encontramos incluidos, y sobre todo por enviar a su Hijo a pagar el precio de la maldad del hombre.

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 1:80 “Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel”.

Al igual que Sansón (Jue 13:24-25) y Samuel (1 S 3:19-20), Juan el Bautista crecía sano y fuerte. Su preparación fue en el desierto (Mt 3:1). Es posible que sus padres fallecieran cuando era joven, e igual que Moisés fue preparado en el desierto, lejos de la influencia de los maestros de la Ley.